sábado, 14 de marzo de 2009

Con la F: Febrero




















Pasó este mes menguante sin una sola palabra para este cuaderno. He meditado sobre el sentido de su existencia.

Pensé que no estaba cumpliendo el fin para el que nació, y pensé que había llegado a su fin.

Los alumnos, definitivamente, no visitan este Blog. Los espacios para comentarios están yermos (salvo alguna adorable voz amiga que aflora discreta para animarme... Gracias). A punto de echar ya el cierre, amanece un día soleado y recojo mis ganas para saltar a la siguiente casilla del alfabeto: la F.

Replanteo la finalidad de este sitio y abro de nuevo esta ventana de par en par, para que os asoméis l@s que no andáis angustiad@s por el estudio, las metas, los exámenes, las prisas: compañer@s que queráis recrearos en estos pequeños "lugares comunes" que se descuelgan entre las líneas de un libro, o que saltan al aire en nuestras conversaciones.


L@s alumn@s que se atrevan a entrar aquí, seran igualmente bienvenidos.

Y ahora, el artículo.





















Familia léxica

Del mismo modo que ocurre con nuestros cosanguíneos, las palabras que comparten la base de su significado, el rasgo de identidad esencial, básico, se agrupan formando familias. La parte común que alberga el significado es el LEXEMA. Este es invariable. Los elementos diferenciadores del significado y que hacen variar su forma y/o categoría gramatical son los MORFEMAS.

Estos últimos pueden aparecer delante (prefijos) o detrás (sufijos) del lexema, entre lexema y sufijos (infijos o interfijos) e incluso combinarse entre sí para formar palabras nuevas. Este procedimiento, que es el más habitual, es la derivación:

  • familia - familiar - familiaridad - familiarizarse...

  • feliz - felicidad - felicitar - felizmente - infeliz - infelicidad - felicitación...

Gracias a ello, podemos, a partir de un número limitado de elementos, ampliar infinitamente (al menos en teoría) el léxico de una lengua (segunda articulación del lenguaje, según Martinet). Claro que hay otras posibilidades: combinar lexemas (composición), ambos procedimientos a la vez (parasíntesis) o las económicas siglas y acortamientos de palabras.

Las familias léxicas nos ayudan a crear significados nuevos, pero también a indagar sobre los más antiguos, gracias al parentesco. Hallar los rasgos comunes del significado nos acerca al origen, al abolengo, es decir, a la etimología de las palabras.

Nada mejor para comprobarlo que pasearse por el Diccionario de Uso María Moliner. En él se combina la ordenación alfabética con la agrupación por familia léxica del vocabulario en uso de la Lengua Española, incluyendo voces dialectales históricas y contemporáneas, así como del español de América.

Abridlo por la letra F: fa- Raíz del latín "fari", hablar, derivado del griego "phemí", íd. de la misma raíz que "phaino", brillar.

Y detrás del consabido "Véase", aparece el séquito de hermanos y hermanas, primos y primas, sobrinos, sobrinas y demás parientes cercanos y lejanos: "fablar, fábula, facundo, fama, fantoche, fasto, fatuo, fem-, fen-, hablar, hado; afable, afamar, afasia, afemia, confesar, difamar, disfasia, eufemismo, inefable, infame, infante, nefando, nefario, nefasto, prefacio, profesar, profesor, profeta; y la enigmática gazafatón.

¿A que es sorprendente encontrar reunidas todas estas palabras bajo el mismo árbol genealógico?

Sin duda, un diccionario para tener en casa y para aprender más allá de las definiciones.

lunes, 26 de enero de 2009

Con la E: Égloga



Antes que nada, advierto a los aguerridos internautas que consulten este artículo, que me ha quedado un poco largo. A veces me entusiasmo con un tema y no sé dónde cortar... Espero sea lo suficientemente "ameno" como para llevaros hasta el final. Porque de amoenus va el asunto...

La Égloga es uno de los principales subgéneros de la lírica (género literario en el que predomina la expresión subjetiva de emociones). La Égloga describe la belleza del campo y expresa sentimientos amorosos puestos en boca de pastores. En ella hallamos el tópico clásico revisitado del locus amoenus ("lugar placentero"), descripción idealizada de la naturaleza, con elementos naturales que se repiten (prado, sombra, aves cantoras, arroyo cristalino...) y que tienen el objetivo de crear el ambiente perfecto, idílico, el bíblico Edén.

La presencia de este lugar común se mantiene a lo largo de la historia de la literatura occidental. En el 37 a.C. el poeta Virgilio escribe las Églogas o Bucólicas exaltando la vida pastoril, a imitación de Teócrito en su obra Idilios. Bocaccio sitúa a los narradores de su Decamerón en un paraíso similar...


Pero la Égloga es, sobre todo, un subgénero del Renacimiento. En este movimiento cultural, que se desarrolla durante el siglo XIV en Italia y en el XVI en España, resurge la cultura clásica ("Renacimiento", de renacer, "volver a nacer"), olvidada durante la Edad Media. Por ello se rescatan y difunden los temas y tópicos grecolatinos, que se toman como modelos.

El espíritu humanista europeo de esta época se basa en una nueva concepción del mundo, cuyos rasgos distintivos son la concepción de este como un lugar bello y placentero, digno de ser disfrutado en plenitud, donde el hombre es el centro y medida (antropocentrismo) y se halla en perfecta armonía con la naturaleza. Así que, ya tenemos los ingredientes básicos de una Égloga: sentimientos + naturaleza (el locus amoenus).
















Coloquio pastoril (Museo del Prado)
David Teniers, "El Joven"

(Amberes, 1610-Bruselas, 1690)

A estos temas se suman las formas métricas que, por influencia italiana, llegan a nuestra poesía: principalmente versos heptasílabos (7 sílabas) y endecasílabos (11 sílabas), y estrofas como los cuartetos y tercetos, además de composiciones como la lira o el soneto.


El principal adaptador de los temas clásicos y de la métrica italiana a la lengua castellana fue Garcilaso de la Vega. Su biografía es realmente novelesca, dada su doble condición de soldado y hombre de letras (el prototipo de perfecto cortesano renacentista). De ella, lo más interesante para el tema que nos ocupa es que, tras casarse con Elena de Zúñiga, se enamoró platónicamente de otra mujer, Isabel Freire, una dama portuguesa que se convertiría en su musa y a la que dedicaría su poesía amorosa. Nunca fue correspondido.

Así pues, cuando en la Égloga I el pastor Salicio se queja de la indiferencia de su amada Galatea, y cuando Nemoroso evoca su amor a Elisa y expresa el dolor por su pérdida, hallamos al propio Garcilaso revelándonos su desengaño amoroso y el dolor ante la muerte de Isabel (simbolizada en Galatea y Elisa):


SALICIO

[...]

Con mi llorar las piedras enternecen
su natural dureza y la quebrantan;
los árboles parece que s’inclinan;
las aves que m’escuchan, cuando cantan,
con diferente voz se condolecen
y mi morir cantando m’adevinan;
las fieras que reclinan
su cuerpo fatigado
dejan el sosegado
sueño por escuchar mi llanto triste:
tú sola contra mí t’endureciste,
los ojos aun siquiera no volviendo
a los que tú hiciste
salir, sin duelo, lágrimas corriendo.

[...]

NEMOROSO

Corrientes aguas puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
yo me vi tan ajeno
del grave mal que siento
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría
por donde no hallaba
sino memorias llenas d’alegría;


y en este mismo valle, donde agora
me entristezco y me canso en el reposo,
estuve ya contento y descansado.
¡ Oh bien caduco, vano y presuroso!
Acuérdome, durmiendo aquí algún hora,
que, despertando,
a Elisa vi a mi lado.
¡Oh miserable hado!
¡Oh tela delicada,
antes de tiempo dada
a los agudos filos de la muerte!
Más convenible fuera aquesta suerte
a los cansados años de mi vida,
que’s más que’l hierro fuerte,
pues no la ha quebrantado tu partida.

[...]

Como premio a l@s que habéis llegado hasta aquí, os regalo un "locus amoenus" con un poco de música de un compositor inglés (John Dowland) que nació sólo unos años después de la muerte de Garcilaso, y que trata un tema similar al de los versos anteriores. La pieza se titula "Flow My Tears" y está interpretada con instrumentos de la época. Disfrutadlo sin prisas.




LACHRIMAE ANTIQUAE, John DOWLAND (1563-1626).
Música interpretada por HESPÉRION XX (Jordi Savall, Christophe Coin, Sergi Casademunt, Lorenz Duftchmid, Paolo Pandolfo, José Miguel Moreno) Grabación de 1987.

miércoles, 7 de enero de 2009

Con la D: Diptongo *

Os presento a un clásico en las clases de Lengua: el Diptongo
(y, de paso, a sus compañeros de viaje, el triptongo y el hiato).
Cuando dos vocales están en una misma sílaba, decimos que forman un diptongo. Cuando tres vocales se pronuncian en una misma sílaba, decimos que forman un triptongo. Muchas palabras llevan dos vocales contiguas que pertenecen a sílabas distintas y, por tanto, no forman diptongo, sino que constituyen un hiato. A efectos ortográficos, las combinaciones de dos vocales cerradas distintas (iu, ui) o de una vocal abierta con una cerrada átona (ai, au, ei, eu, oi, ou, ia, ie, io, ua, ue, uo) se consideran siempre diptongos.

Veamos ahora sus normas de acentuación.

Los diptongos y los triptongos

  • Las palabras con diptongo o triptongo siguen las reglas generales de acentuación (agudas, llanas, esdrújulas). La tilde, en caso de que deba llevarla, se coloca sobre la vocal abierta del diptongo o triptongo (a, e, o) o sobre la segunda vocal si las dos vocales del diptongo son cerradas (i, u): amáis, autor, canción, asteroide, deuda, después, cuota, murciélago, lingüística, interviú, estudiéis, averiguáis...
  • Los diptongos o triptongos acabados en y no llevan tilde: guirigay, Uruguay...
  • La h intercalada entre dos vocales no influye en su pronunciación como diptongo o hiato y, por tanto, no afecta a su acentuación: prohi-bir (diptongo), pro-hí-bo (hiato).
Los hiatos
  • Los hiatos formados por una vocal abierta átona (a, e, o) y una vocal cerrada tónica (i, u) llevan tilde siempre: caí, tahúr, ataúd, reímos, reúno, oí, sabía, atenúan, sonríen...

  • El resto de combinaciones entre vocales (dos vocales abiertas distintas: caótico, leamos, loable, toalla...; dos vocales iguales: zoólogo, leemos, chiita...) siguen las normas generales de acentuación.
  • En cambio, se suprime la tilde si las dos vocales que se juntan son ui: jesuita, destruir, fortuito... Esta regla no se cumple con las formas huí, huís, huía y huían del verbo huir.


¿Dió o dio?*


(*) Esta entrada es anterior a la REFORMA de la Ortografía de la Lengua Española de 2010.
Ved aquí las novedades sobre esta cuestión: 
             Eliminación de la tilde


Según las normas académicas (RAE), la combinación de una vocal cerrada seguida de una vocal abierta tónica que se da en palabras como guion, fie, Sion y otras similares puede interpretarse como diptongo o como hiato. En consecuencia, estas palabras pueden escribirse sin tilde (como monosílabas) o con tilde (como bisílabas):


crié - crie
crió -crio
fié - fie
fió - fio
frió - frio
guié -guie
guió -guio
guión -guion
ión -ion
lié -lie
lió -lio
pié -pie
pió -pio
rió -rio
Sión -Sion
truhán -truhan

La Academia también da la posibilidad de poner o no la tilde en las palabras que contengan un triptongo, tres vocales seguidas. Estas también se pueden considerar como un hiato más un diptongo. Eso ocurre especialmente al conjugar la segunda persona del plural en presente de indicativo en ciertos verbos:

criáis - criais
criéis - crieis
fiáis - fiais
friáis - friais
guiáis - guiais
guiéis - guieis
liáis - liais
liéis - lieis
piáis - piais
riáis - riais
Espero que saquéis el máximo rendimiento a estas normas mínimas, para que las tildes aterricen fácilmente en la vocal que les corresponda.
Y no os fiéis demasiado de los correctores automáticos: frecuentemente hay que ayudarles a decidir cuál es la opción correcta.


Algo más
A instancias de un buen amigo, añado aquí unas aclaraciones sobre el grado superlativo de algunos adjetivos.
Pensaréis: "Y ¿qué tiene que ver esto con la letra D?". En principio, nada. Pero resulta que, ordenando mis apuntes, descubro que las dudas que nos planteábamos se refieren a palabras que mantienen una forma culta y otra popular o coloquial, donde alternan muchos de los Dúos de vocales que llamamos diptongos.
El superlativo nos permite expresar una cualidad del adjetivo que se posee en grado máximo. Para ello usamos la forma analítica (muy + adjetivo positivo: muy contento/a) o la sintética, mediante el sufijo -ísimo/a (o -bilísimo/a) (contentísimo/a, amabilísimo/a) o la forma culta -érrimo/a (celebérrimo).

Diversos superlativos en -ísimo/a mantienen doble forma:


amigo>amicísimo/amiguísimo
bueno>bonísimo/buenísimo
cierto>certísimo/ciertísimo
diestro>destrísimo/diestrísimo
fuerte>fortísimo/fuertísimo
reciente>recentísmo/recientísmo
simple>simplicísimo/simplísimo...

En las parejas anteriores donde alternan una vocal y un diptongo (o>ue, e>ie, e>ue), es preferible elegir la forma con una sola vocal (más simple y cercana a la forma latina) para un registro formal y culto, y dejar la variante diptongada (más moderna) únicamente para el registro coloquial.

También podemos optar, en algunos adjetivos especiales, por formas cultas latinas de grado superlativo: óptimo (por muy bueno, bonísimo o buenísimo), pésimo (ídem. de malo), ínfimo (de inferior), etc.

Y, en todos los casos, intentemos dejar descansar al prefijo super- que, aunque correcto, lamentablemente, ha acabado utilizándose en todos los casos (supercontento, superbueno, supertímido...), con el consiguiente empobrecimiento de nuestro vocabulario.


(NOTA AL PIE: Que me disculpen D'Anunzio, Dante, Darío, Delibes, Diego, Dinesen, Dostoiesvski, Durás y otras almas literarias que residen en este apartado de mi diccionario, por no haberlos escogido para este artículo...
Ya encontraré una nueva ocasión.)

Chsss... La Ch

Tras editar la letra D, vuelvo sobre mis pasos para hacer hueco a la primera letra proscrita de los diccionarios modernos: la "Ch". Así que en unos días me tomaré la licencia de manipular el orden cronológico de esta entrada y preservar así su lugar dentro del abecedario.


Justificación


Como ya expliqué en el primer artículo (Con la A: Alumbramiento), y dejando polémicas aparte, la letra "Ch" no se utiliza ya en el proceso de ordenación alfabética de las palabras -no la hallaréis en la autonumeración de viñetas de Word, por ejemplo: a), b), c), d) e)...-, y por ello las palabras con esta inicial se incluyen dentro del capítulo de la "C" (entre ce- y ci-). Sin embargo, como heredera de la letra "ji" del alfabeto griego -su sonido no existía en latín-, y como cuarta letra del abecedario castellano que es, bien merece en este blog una entrada.


Fonética


El fonema (conjunto de rasgos pertinentes de un sonido que lo diferencian de otro en una lengua) al que representa la letra Ch- es muy peculiar: /t∫/ palatal en su punto de articulación, africada en el modo y sorda porque no vibran las cuerdas vocales (siempre según la fonética normativa del español peninsular). Esto significa que, independientemente de las peculiaridades de cada hablante, al pronunciar este fonema, el aire escapa de golpe por un estrecho canal en el interior de la cavidad bucal, después de que la lengua haya obstruido momentáneamente su paso tocando con el dorso la zona de los alveolos superiores en el paladar .


Aprovechando esta particularidad articulatoria, las palabras que contienen la ch- son muy onomatopéyicas (imitan el sonido de la realidad que describen): chocar, chispa, chapotear, chasquido, cuchichear...


La más expresiva es para mí la palabra ¡achís!, que acompaña involuntariamente al estornudo. Otra palabra curiosa que hallaréis en el diccionario es chsss... que se usa cuando pedimos silencio con nuestro dedo extendido delante de los labios o cuando llamamos la atención de alguien sin decir su nombre.


Hay algunas que se han especializado en imitar fonemas de otras lenguas que se pronuncian de forma parecida. La mayoría proceden de la ch- francesa: chalé, champán, champiñón, chantaje, chalota, chantillí, chaqueta, chasis, chic, chófer... También de la ch- o sh- inglesa (champú, cheque), de la tx vasca: chacolí, changurro, chistu..., la ce-/ci- italiana (curiosamente esta lengua utiliza la h detrás de c para evitar su palatalización y che-/chi- suenan /ke/ y /ki/ en italiano: Cherubini), y otras transcripciones de lenguas eslavas como Checo, Chaikovski...

Si añadimos todos los americanismos del diccionario panhispánico (con sus variantes de pronunciación o alófonos y su extenso vocabulario), llegaremos a la conclusión de que esta letra tiene un valor universalizador nada desdeñable y que merece la pena descubrir. ¡Viajad por los diccionarios!

lunes, 22 de diciembre de 2008

Con la C: Calíope

Deseaba estrenar una nueva etiqueta con un artículo sobre literatura, pero estaba indecisa.
La lista de palabras interesantes que me sugiere la letra C es realmente larga: calambur, cantar, cancionero, cantiga, Calderón, Cervantes, comedia, cuento...
Y entre ellas, apareció una musa...

Calíope (Καλλιόπη Kalliópê, ‘la de la bella voz’). Primera de las musas en la mitología griega, hija de Zeus y Mnemósine (la memoria) y madre de Orfeo. Se representa coronada con diadema de oro, guirnaldas, una trompeta y un poema épico, pues es musa de la poesía épica y la elocuencia. Su nombre me llevó a la etimología: Kallos "bello", así que empecé una nueva lista de hermosas palabras que muestran orgullosas su sema de "belleza" como prefijo clásico. Elijo Caligrafía.

Caligrafía

Del griego kallos ‘bello’ y graphein ‘escritura’. Es el “arte de escribir con letra bella” y con este sentido llegó al castellano en el siglo XVIII, según el Diccionario castellano de Esteban de Terreros.

En la era de las computadoras e impresoras, este arte se va olvidando en la escuela y en el uso cotidiano, pero al mismo tiempo, consuela constatar que en los procesadores de texto proliferan nuevas fuentes y tipografías, nombradas con el sufijo "-hand" (en inglés "mano") que calígrafos de todo el mundo comparten. Lástima que algunas no incluyan tildes y otros signos ortográficos.

La mayoría de los niños de las generaciones de los sesenta y setenta llenamos páginas y páginas de cuadernillos de caligrafía (los Rubio de toda la vida) a lo largo de nuestra infancia. A mí nunca se me dió bien la "r" enlazada, pero conseguí una letra armónica y equilibrada de la que me siento muy orgullosa. Cuando entre los trabajos ilegibles de los alumnos aparece una hermosa letra, trazada con plasticidad y delicadeza, inevitablemente cualquier lector se predispone a una corrección más detenida y benévola. Sin embargo, lo más interesante de todo es que la caligrafía revela siempre al profesor la personalidad del alumno.

Así que, en las tareas para estas vacaciones, recomiendo a mis alumn@s que sigan el sabio consejo de Antonio Machado: "Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas."



Caligrama

No me resisto a añadir esta palabra al capítulo de la letra C. Con ella cumplo el propósito inicial de hablar de literatura.

El caligrama se basa en la disposición visual del texto poético, dibujando en el papel lo que las palabras significan. Son versos que no sólo se leen, sino que se miran. Y en ellos la caligrafía y la tipografía juegan un papel muy importante.

Aunque su etimología procede del francés Calligramme, término que popularizó el poeta vanguardista Guillaume Apollinaire a principios del siglo XX para titular una de sus obras (subtitulada Poemas de la paz y de la guerra, de 1918), el concepto que encierra esta palabra ya existía en la época helenística griega (siglo III a. C.) cuando Simmias de Rodas en su poema titulado “El huevo” consiguió, por medio de la distribución de las palabras, la figura del huevo que nombra el título. Esta fórmula se denominó "technopaegnia" y en latín "Carmina figurata". Ausonio, Horacio y otros escritores latinos siguieron ampliando esta "pictura poesis" con nuevos recursos. También algunos escritores musulmanes hallaron, mediante la caligrafía árabe, una forma de representación caligramática de las imágenes que el Corán prohíbe.

La literatura hispánica nos ha dado abundantes ejemplos de Caligramas. El poeta chileno Vicente Huidobro ya había incluido su primer caligrama, "Triángulo armónico", en su libro Canciones en la Noche de 1913. Por su parte, la literatura catalana contó con autores como Joan Salvat-Papasseit y Joan Brosa, quienes usaron el caligrama como expresión plástica dentro del verso libre.

Animaos a probar en estas vacaciones. Es una técnica realmente sugerente, lúdica y creativa. Publicaremos los mejores en nuestra web.

Y para los que queréis saber más, no dejéis de leer el genial artículo "Elogio del caligrama", de Juan Manuel Barrado, publicado en el nº 4 de la revista Per Abbat, que podéis ver en su edición online gracias a Libro de notas (LdN) (Diario de los mejores contenidos de la red en español), una interesantísima apuesta independiente que intenta abrirse paso entre la vorágine de los grandes grupos editoriales.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Con la B: Byblos


Biblos (Byblos, en árabe جبيل, Jbeil) fue una antigua ciudad fenicia que estaba situada en una colina, denominada Gubla en los textos cuneiformes y Gebal en la Biblia. Actualmente es una ciudad del Líbano también denominada Djubayl, treinta kilómetros al norte de Beirut.

Su etimología proviene de la colina en que estaba situada (Gablu, montaña en lengua hebrea) que derivó en su nombre original hebreo Gebal, pasando de aquí a la forma griega Byblos y de allí la palabra Biblíon "libro" y todas sus derivadas Biblioteca, Bibliografía...

...

Tras horas de consulta y pesquisas en la biblioteca, ha llegado la hora de que los alumnos de 4º de ESO de la optativa Trabajo Monográfico de Investigación (TMI) en la modalidad Humanística presentéis vuestros primeros resultados.

En primer lugar, debéis entregar el guión provisional de vuestro trabajo, junto con el calendario y programación de tareas (desde Octubre a Diciembre) según el modelo que se os facilitó en clase. Recordad que el guión debe incluir título y delimitación del tema, con los apartados y subapartados estructurados y numerados, según la última revisión. Debe adjuntarse, además, una introducción redactada donde se expongan los objetivos de vuestra investigación.

Para completar los materiales evaluables de este 1r trimestre, se presentarán también todas las fichas documentales elaboradas hasta la fecha, tanto de fuentes, como auxiliares, en todas las modalidades: de libros, periódicos o páginas web consultadas, de imágenes seleccionadas, de resúmenes, de citas, temáticas, biográficas, etc. Si el tipo de documentación lo requiere, se aportará también un modelo provisional de encuesta y los criterios de selección de los informantes previstos.

Finalmente, todos los alumnos tenéis que confeccionar un glosario con la terminología específica del tema de estudio, que se irá completando a lo largo del segundo trimestre. Este glosario provisional se presentará ordenado alfabéticamente, según la plantilla facilitada por la profesora, y deberá ir acompañado de la ficha correspondiente con la definición del término.

Ante cualquier duda, podéis consultar los apuntes de la asignatura en la web del IES Professor Manuel Broseta.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Con la A: Alumbramiento

Abro este cuaderno con la primera letra del alfabeto: la A.

Aquí quiero compartir con mis alumnos y alumnas mis anotaciones de Lengua Castellana y Literatura, como estudiante perpetua de la materia y demás respetables espacios vecinos.

Aquí, en un futuro próximo, quiero publicar algunos de los trabajos de mis alumnos y alumnas. Aquí invito a compañeros y compañeras de tareas a sentarse, después de nuestro paseo cotidiano por el aula, para charlar a la sombra de las palabras.

Ahora me estreno con unas breves notas extraídas de la web oficial de la Real Academia de la Lengua Española (la RAE a partir de ahora): primero, un artículo sobre el alfabeto; después, un artículo sobre el artículo (fecunda palabra polisémica, como veis).



El abecedario y los dígrafos


El abecedario español está hoy formado por las veintinueve letras siguientes: a, b, c, ch, d, e, f, g, h, i, j, k, l, ll, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.

Si bien las grafías ch y ll son en propiedad dígrafos —signos ortográficos compuestos de dos letras—, vienen considerándose convencionalmente letras del abecedario español por el hecho de representar, cada una de ellas, un solo sonido. La rr también es un dígrafo, pero, a diferencia de la ch y la ll, no se ha considerado nunca una de las letras del abecedario porque el sonido que representa es el mismo que el que le corresponde a la r en posición inicial de palabra o precedida de las consonantes n, l o s.

La variante española del alfabeto latino antes expuesta fue la utilizada por la Academia desde 1803 (cuarta edición del Diccionario académico) en la confección de todas sus listas alfabéticas. Pero en el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en 1994, se acordó adoptar el orden alfabético latino universal, en el que la ch y la ll no se consideran letras independientes. En consecuencia, las palabras que comienzan por estas dos letras, o que las contienen, pasan a alfabetizarse en los lugares que les corresponden dentro de la c y de la l, respectivamente. Esta reforma afecta únicamente al proceso de ordenación alfabética de las palabras, no a la composición del abecedario, del que los dígrafos ch y ll siguen formando parte.



El agua, esta agua, mucha agua



El sustantivo agua es de género femenino, pero tiene la particularidad de comenzar por /a/ tónica (la vocal tónica de una palabra es aquella en la que recae el acento de intensidad: [água]).
Por razones de fonética histórica, este tipo de palabras seleccionan en singular la forma el del artículo, en lugar de la forma femenina normal la. Esta regla solo opera cuando el artículo antecede inmediatamente al sustantivo, de ahí que digamos el agua, el área, el hacha; pero si entre el artículo y el sustantivo se interpone otra palabra, la regla queda sin efecto, de ahí que digamos la misma agua, la extensa área, la afilada hacha. Puesto que estas palabras son femeninas, los adjetivos deben concordar siempre en femenino: el agua clara, el área extensa, el hacha afilada (y no el agua claro, el área extenso, el hacha afilado).

Por su parte, el indefinido una toma generalmente la forma un cuando antecede inmediatamente a sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica: un área, un hacha, un águila (si bien no es incorrecto, aunque sí poco frecuente, utilizar la forma plena una: una área, una hacha, una águila). Asimismo, los indefinidos alguna y ninguna pueden adoptar en estos casos las formas apocopadas (algún alma, ningún alma) o mantener las formas plenas (alguna alma, ninguna alma).

Al tratarse de sustantivos femeninos, con los demostrativos este, ese, aquel o con cualquier otro adjetivo determinativo, como todo, mucho, poco, otro, etc., deben usarse las formas femeninas correspondientes: esta hacha, aquella misma arma, toda el agua, mucha hambre, etc. (y no este hacha, aquel mismo arma, todo el agua, mucho hambre, etc.).


[Más información en el Diccionario panhispánico de dudas].